jueves, 13 de marzo de 2014

Ella es Sofía Nº 1.3. ¡Por Dios no pares!

Ulises ya le había desabrochado varios botones del vaquero antes incluso de que se diera cuenta de sus propios actos, movimientos instintivos que brotaban desde dentro de él sin tener casi que pensarlos.
Cuando terminó empezó a tirar de una pernera y luego de la otra, tan despacio que parecía saborear el momento, hasta que estos cayeron al suelo.
  -Ahora mismo -dijo Sofía- pienso, que si no fuera porque me quedan genial, no me los volvería a poner nunca mas.

Ulises no hizo mucho caso a este comentario pues andaba en lo suyo, jugueteando, haciéndola sufrir un poquito, haciendo que lo desease, en definitiva, calentándola hasta el punto de desbordar el salón con sus exalaciones de excitación.
Subía y bajaba desde sus senos, pasando por el ombligo, hasta llegar a los muslos y vuelta a empezar. Para Sofía aquello era casi como una tortura y no paraba de morderse los labios deseando que empezase ya su danza de saliva y calida humedad.
Para él era gracioso ver como Sofía, una empresaria de gran carácter y energía, acababa derritiéndose y ablandándose cuando estaba tan cerca de su "sonrisa". Puso la mano en su vientre y fue bajando hasta sus braguitas de color negro coronadas con un lacito blanco, sus favoritas, estaban húmedas, perfecto. Introdujo su mano bajo la tela oscura y encontró la dulce fruta, suave y húmeda. Esto provocó en Sofía un pequeño sobresalto e hizo que abriera un poquito la boca para luego volver a morderse el labio.
 Al igual que el pantalón, la lencería también acabó en el suelo, aquello la dejaba desprotegida, pero no era la ropa lo que le daba la fuerza, sino su forma de ser, hasta en aquella situación él podía ver el fuego que emanaba de ella. Con la mano aun dentro, Ulises empezó a moverla, primero en círculos y luego introduciendo dos dedos, el corazón y el anular, eran largos y fuertes pero nada toscos, hacían que las primeras olas de calor recorrieran el cuerpo de Sofía acompañadas de unas discretas espiraciones que iban en aumento a medida que él iba acelerando la velocidad de sus dedos. Los mismos dedos que otrora escribiesen bellos versos ahora los esculpen en el cuerpo de Sofia.

El juego de repente cambió en un segundo. Sofía se levanto agarró a Ulises y lo empotró contra la pared del salón, mientras le besaba saco el cinturón del pantalón y le bajó la cremallera. La virilidad de él ya llevaba mucho tiempo encerrada y le apretaba en los pantalones. Cuando ella introdujo su mano y lo descubrió, Ulises ya estaba mirando al cielo.
  -Joder nena, como te echaba de menos, me enc...
 Sus palabras se cortaron cuando ella se arrodillo y lo empezó a chupar y a lamer, jugaba con él masajeándolo de arriba a abajo al mismo tiempo. Ulises le reunió el pelo en una coleta que sujetaba con la mano y acompañaba con el brazo los movimientos rítmicos que ella hacia con la cabeza. El placer le hacía apretar las nalgas y el frío de la pared le pasaba inadvertido, las podría haber derretido y atentar así contra la integridad del edificio, podía haber quemado la ciudad, el mundo, si hubiera dejado pasar un segundo mas.
Pero no podía esperar, tenía que poseerla, tenía que estar dentro de ella. Apartó a Sofía y terminó de quitarse la ropa dejándola al lado de la de ella.
Ulises hizo que se pusiera en pie y la puso cara a la pared, la tenía agarrada por las caderas y se apretaba contra ella mientras besaba su cuello. Con ayuda de una mano introdujo su virilidad dentro de ella haciendo que Sofía apretara el cuerpo para luego relajarlo dejándose penetrar. Ella dobló la espalda para recibirlo en toda su plenitud mientras se giraba para besarlo, aunque le era casi imposible hacerlo porque con cada arremetida tenía que abrir la boca soltando un gemido que descargase todo el placer que estaba a punto de hacerla explotar.
Cada arremetida venía seguida de una ola de calor y placer mas grande que la anterior.
  -¡No pares Ulises! ¡Por Dios, no pares!
Estas palabras se transformaron casi en gritos, gritos de placer que excitaban los oídos de Ulises y le hacían redoblar el esfuerzo. Notaba como un escalofrío le recorría la espalda y le apretaba los músculos.
Sofía tenía las manos y el lateral de la cara apoyadas en la pared cuando sus piernas empezaron a temblar, le fallaban las fuerzas pero no podía parar, estaba a punto de...
-¡Aaah!- gimió Sofía- ¡Ulises! Te...
Una nueva arremetida la hizo callar y todo su cuerpo junto con el de él tembló agitadamente. Ulises fluyó por Sofía inundándoles de una agradable sensación de paz.
Cayeron rendidos sobre el sofá que tenían a un lado, antes de quedarse dormidos pudieron tapar sus cuerpos desnudos con una manta de escasa utilidad ya que sus cuerpos arderían toda la noche bajo una sola piel.

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