lunes, 24 de marzo de 2014

Ella es Sofía Nº 2.4. No podría explicartelo

Allí quedaron, sobre la mesa, enteros y sin tocar los cafés pedidos horas antes. El starbucks se había ido vaciando poco a poco mientras las manillas del reloj iban corriendo, rápido y sin pausa, pero allí seguían ellos hablando, riendo, contando sus anécdotas, en definitiva, conociéndose. Se habían pasado charlando la tarde entera y ya era casi la hora del cierre.
 -¡Oh Dios! Que tarde es -dijo Sofía- tengo que irme a casa, pero me ha encantado el café.
 -Si... la verdad que si es tarde -contestó Samuel- en buena compañía el tiempo pasa volando.
 -Espero repetir algún otro día, es muy agradable hablar contigo.
 -¡Oh, gracias! Lo mismo digo.
Se levantaron y salieron a la calle, primero Sofía y después Samuel, al que se le escapó la vista mas abajo de la cintura de su acompañante. No era de extrañar, Sofía tenía muy buen culo, redondo y respingón.
Caminaron hasta la plaza de aparcamiento de ella, aprovechando los últimos tonos rojizos del sol en el horizonte, disfrutando de las últimas coletadas de su conversación. A Sofía le invadía una sensación de culpabilidad, aunque no hubiera hecho nada, sentía estar traicionando a Ulises, puede que fuera porque se sentía atraída físicamente por Samuel, pero tenía la cabeza hecha un lío y además Ulises no contestaba sus llamadas y mensajes, algo que le molestaba enormemente.
Realmente no existía una relación verdadera entre Ulises y Sofía, pero ambos de alguna manera se sentían atados el uno al otro por esa confianza, ese cariño, esa pasión.
 -Bonito coche -dijo Samuel- tienes buen gusto, para todo.
 -Es lo bueno de ser mujer, siempre elijo lo que me gusta.
Sofía abrió la puerta del coche y puso su bolso en el asiento del copiloto, cuando se giró un beso la recibió, descarado, apasionado, con fuerza y sabor café. Se dejó llevar unos segundos hasta que recuperó la razón y se aparto rápidamente de Samuel. Estaba muda
 -Lo siento -dijo él- llevaba esperando hacerlo toda la tarde.
 -Samuel, me pareces un chico encantador, muy guapo, listo y atento, pero no puedo.
 -¿Tienes novio? ¿Es eso verdad?
 - No exactamente, no podría explicártelo, pero no es por ti... Me tengo que ir, lo siento.
Acto seguido se montó en el coche y se despidió por la ventanilla, estaba nerviosa así que salió con un gran acelerón.

Al llegar a casa no paraba de pensar en Ulises y le volvió a llamar, pero seguía comunicando.
-Maldita sea, ¿Dónde se habrá metido?

Sofía se puso el pijama, que no era mas que una camiseta gris de Ulises que le llegaba por las rodillas, olía a él, a su perfume, cuando se le iba el olor le mandaba que le diera otra para poder dormir bien, era su relajante personal, hacía que le sintiera mas cerca, como si le estuviera abrazando piel con piel. La mejor compañía que tuvo aquella noche fueron un par de películas pastelosas y un tarro de helado de considerable tamaño, se hartó a llorar y a gastar pañuelos. Era el desahogo para un día tan largo, mañana se sentiría culpable, pero no le importaba, se le ocurría una muy buena forma de bajar ese helado.
No se que se acabaría antes, si los pañuelos, el helado o las películas, pero tampoco importaba mucho, Sofía se había quedado dormida en el Sofá.
A las dos horas se despertó en una mala posición y con el cuello dolorido, tenía toda la boca manchada de chocolate así que se levantó y fue a lavarse la cara.
Cuando se metió en la cama, no pudo volver a conciliar el sueño, daba vueltas y vueltas pensando en el desaparecido Ulises, en Samuel, en el trabajo, en la película, en la mancha del helado en el sofá, que no se dormía... esto hacía que fuera un circulo vicioso y empeorase la situación ¡que malo es pensar demasiado!
Mandó el último whatsapp de aquel día a Ulises:
 "Feo, estoy preocupada, estas bien? No se nada de ti y andas desaparecido"
Nada mas mandarlo recibió otro, pero este era de Samuel.

Puto destino



La envidia… me carcome,

Saber que te toca, que te hace el amor,  que te besa,

que ríe contigo y te toma, pero no te deja.

Saber que te lleva, que te trae, que te canta,

que te escucha, que te huele, que anda bajo tu falda

Y sobre todo saber que no mejor de lo que lo haría yo.

La envidia… me carcome,

Y yo aquí ¡Y cómo te deseo!

Y tú allí ¡Y cómo te anhelo!

Que se me cae la baba en cada foto

Y la mancho con cara de bobo

Me tengo que conformar y no.

La envidia… me carcome,

Me niego a rendirme ya,

Seguiré luchando aun mas,

 Maldita envidia, maldita ocasión

¡Quien estuviera en su posición!

Serás mía te lo digo yo, amor.

viernes, 21 de marzo de 2014

Ella es Sofía Nº 2.3. Tengo que irme, me están esperando.

Era un día maravilloso, la suave brisa con olor a mediterráneo inundaba el ambiente y el sol en el cielo calentaba tostando la piel de los bañistas que chapoteaban en la orilla. Los niños con sus cubiletes se afanaban en construir castillos llenos de torres y cavar agujeros en la arena que llegasen a china mientras sus madres les perseguían intentando que se echasen la crema solar.
Nada parecía poder salir mal en un día tan fantástico. Entonces los silbatos de los socorristas empezaron a sonar y estos, cogiendo las motos de agua, salieron hacia el mar a toda prisa. Habían visto por los prismáticos un bulto a lo lejos, al principio parecía que eran unos restos o algún desecho, pero cuando vieron que se movía no hubo ninguna duda, era una persona.
Cuando llegaron hasta el objeto flotador no identificado, vieron a un hombre subido a una tabla que ponía "Pescados mediterráqueo". Estaba de costado, inmóvil, con los ojos cerrados y la piel reseca, parecía muerto. Lo subieron a la camilla aquatica y lo llevaron hasta el centro de salvamento.
 -¡Eeeh, chico! -dijo un socorrista mientras comprobaba si estaba consciente- despierta, no te nos vayas tan rápido.
No recibió ninguna respuesta, aunque estaba vivo ya que respiraba entrecortadamente. El socorrista volvió a llamarle mientras le daba un par de pequeñas bofetadas en la cara y esta vez si que reaccionó. Abrió despacio los ojos y habló con una voz ahogada:
 -Agua... agua...
 - Toma, bebe despacio -le dijo el socorrista dándole una cantimplora.
También le dieron un par de barritas energéticas y una manta. Después de esto y cuando se pudo recomponer un poco, le preguntaron:
 -¿Quién eres? ¿Cómo has acabado en el agua?
 -Me llamo Ulises, ayer por la noche el barco pesquero en el que faenaba se vio atrapado en una tormenta y una ola me tiró al mar junto a otro compañero ¿Lo habéis encontrado también?
 -Debes de estar bastante desorientado -dijo el mas veterano de los socorristas- ese barco se hundió hace tres días, no esta noche y lo lamento... no hemos encontrado aun ningún cuerpo.
 -¿Hundido? ¿Tres días? ¿Cómo puede ser?
 -Te habrás desmayado varias veces encima de la tabla, a la que le debes la vida, y la marea te habrá traído hasta aquí. Este martes se recibió el mensaje de un barco que pedía auxilio, una ola les había hecho chocar contra unas rocas, aun buscan los cuerpos de tus compañeros, pero esto está lleno de incompetentes puestos a dedo...
Mientras el socorrista le contaba lo sucedido, Ulises solo pudo pensar en la suerte que había tenido siendo el único superviviente y de que Sofía estaría preocupada por él, seguramente le habría dejado miles de mensajes de los que le gustaba poner cuando él no contestaba.
 -Tengo que irme -dijo Ulises- me están esperando.
Y después de decir esto saltó de la camilla y salió corriendo, pero al llegar a la puerta las fuerzas le fallaron y se desplomó en el suelo.
Cuando volvió a despertar, estaba en una cama de hospital y era de noche, tenía hambre y seguía cansado así que cerro los ojos y se quedó dormido. Despertó al día siguiente cuando una enfermera entró en su habitación, esta al ver que se había despertado fue a avisar al médico, un hombre bajito entre los sesenta y los doscientos años con el pelo blanco y un estetoscopio colgado del cuello.
 -Ya estás mucho mejor -dijo el médico- ¿Quieres que llamemos a alguien que venga a por ti?
 -Si, por favor, tengo que ver a una persona.
 -No te preocupes, tú dale el número a una de nuestras enfermeras y ellas llamaran para que vengan a recogerte.

Media hora después apareció Sofía, nerviosa y casi llorando. Cuando recibió la llamada estaba en el trabajo, pero nada mas oir a las enfermeras salió corriendo en dirección al hospital, se le habían pasado muchísimas cosas por la cabeza y ahora lo entendía todo.
Nada mas verla, a Ulises se le iluminó la cara como si el sol hubiera entrado en su habitación y se hubiera estrellado en su cara. La había echado mucho de menos y en ningún momento que estuvo consciente había dejado de pensar en ella y eso era lo que realmente le había mantenido con vida, no la tabla. El solo hecho de dejar atras a la persona que mas quería en el mundo le hizo sacar fuerzas de flaqueza y todo aquel esfuerzo se vio recompensado en aquel instante.
La besaba y la abrazaba apretándola contra si, como si no fuera real y se le fuese a escapar entre los dedos de un momento a otro.
 -Estas preciosa chiquilla.
 -Pues tú estas horrible -contesto Sofía entre sollozos- ¿Qué te ha pasado? ¿Dónde estabas?
 -Tengo que contarte muchas cosas, pero mejor vámonos de aquí antes.

Ya en el coche, Ulises le contó como había acabado allí y el porqué de haberse metido en un barco pesquero. Sofía le escuchaba con cara de preocupación y compasión a la vez.
 -Ulises, estos días también han pasado algunas cosas que creo que deberías saber.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Ella es Sofía Nº 2.2. "Nos vemos a las 4:30 en el starbucks?"

-Pipipipipipipipipipipipi...
El enemigo mañanero de todos los amantes de las camas y de los amantes de los amantes hizo que Sofía abriera los ojos acompañado con una mueca de cansancio. Estiró el brazo y apagó el condenado despertador y automaticamente, como cada mañana, encendió la radio. Mientras escuchaba su emisora favorita, Sofía se fue preparando para otra dura jornada laboral. Hizo un repaso mental de todos los inversores que tenía que visitar, mientras enjabonaba y aclaraba su oscura melena. Al salir de la ducha se puso su albornoz naranja y tras secarse el pelo, fue a elegir su ropa. Tenía un armario enorme, lleno de vestidos, camisas, pantalones y abrigos, pero siempre le costaba escoger que ponerse, todo le parecía feo o que no conjuntaba bien. Al final se decidió por unos vaqueros, una camisa blanca y una americana que se acababa de comprar hace un par de días. Desayunó rápido y salió pitando a por el coche.

Como todos los días, la plaza 209 del parking le estaba esperando. Las mismas lineas amarillas, la misma mancha de aceite en la esquina y la misma columna traicionera que mas de una vez le había dado un susto.
Al arrancar el coche su emisora volvió a saltar, 97.0 Radio Música, la canción se había interrumpido y estaban dando una noticia de última hora, Sofía subió el volumen para poder escucharla mejor y salió del garaje dirección al trabajo, teniendo cuidado con la dichosa columna.
La noticia fue repetida en todas las cadenas de radio y televisión a lo largo del día: "Un barco pesquero ha sido hundido mar adentro por una tormenta, no se encuentran supervivientes, los equipos de resc..."

No fue una mañana fácil para Sofía, llena de papeleos y gente yendo y viniendo. Ya a media mañana estaba que le explotaba la cabeza y necesitaba un descanso, así que se fue al starbucks de la esquina y se pidió un café. Tenía tiempo y le apetecía hablar con él, así que cogió su teléfono y llamó a Ulises, una voz femenina le contesto: "El teléfono al que llama esta apagado o fuera de cobertura, por favor inténtelo de nuevo o mas tarde". Antes de llamar ya había tenido un presentimiento, Ulises era un vago y estaría aun durmiendo o estaba despierto y escribiendo, en cualquiera de los dos casos no quería molestarle.
Ya se estaba terminando su tiempo de descanso así que se levantó, nada mas hacerlo chocó contra un chico derramándole el café sobre la camisa, menos mal que ya estaba frío.
 -¡Oooh! Lo siento muchisimo -dijo Sofía- estaba distraida y no te vi, lo siento de veras, te acabo de manchar entero.
 -Tranquila, no pasa nada, no todos los días me tira el café por encima una chica tan guapa, es solo una mancha, ya la lavaré ahora en casa.
Sofía se dio cuenta de que aquel chico acababa de tirarle los trastos y de que no era nada feo, al contrario ¡estaba buenísimo!
 -En serio, lo lamento mucho, pero ahora me tengo que ir a trabajar, toma mi número y pásame la factura de la tintorería -dijo Sofía dándole una tarjeta.
Salió corriendo del starbucks, roja como un tomate por haber causado aquel estropicio y por haber chocado con aquel chico.

Después de las siguientes cuatro interminables horas y de no haber podido contactar con ningún inversor, Sofía se iba a ir a casa cuando recibió un whatsapp de un número desconocido: "Te hace otro café? Pero esta vez para bebérnoslo". Era el chico del Starbucks, quería quedar con ella, Sofía le veía las intenciones, pero ya le había dicho que le pagaría el tinte, así que tenía que hacerlo de todas formas. Le mandó un mensaje: "Nos vemos a las 4:30 en el starbucks? asi te pago la camisa". Recibió de vuelta un: "Perfecto ;-)"

Se encontraron a la hora acordada, el chico ya se había cambiado y Sofía se pudo fijar en lo alto que era.
-Hola y de nuevo lo siento mucho.
-Tranquila, nada que no lo pueda solucionar la lavadora, encantado me llamo Samuel ¿y el tuyo? antes ibas tan rápido que no me dio tiempo a preguntartelo.
-Sofía.
-¿Te apetece ese café Sofía?
-Tenía muchas cosas que hacer y aun tengo que pasar por casa de mi hermana a por unas cosas...
-Será solo un rato y así terminamos de presentarnos.
Sofía se lo pensó, el chico parecía muy amable y tampoco podía conseguir mucho de ella así que al final acepto.
En realidad, no fue solo un rato, pues conectaron rápidamente y Sofía se sentía muy agusto hablando con él. Estuvieron allí sentados varias horas dejando enfriar sus cafés.

Hoy es 19/03/2014 ¿Cierto?

                                                   
                                                                                                     Gijón, Miércoles 19 de Marzo de 2014



A un padre, en especial, el mio.

No se bien como empezar esta carta pues se me vienen a la cabeza una gran cantidad de palabras y comienzos distintos, todos malos e insuficientes para lo que me dispongo a decir, y de antemano me disculpo si algo se me olvida.
No era mas que un enano al que podías levantar y mecer con un brazo, el mismo brazo en el que me quedaba dormido cual bebe y hoy, aun , lo sigo haciendo de vez en cuando. Viste mis primeros pasos, oíste mis primeras palabras y cambiaste mis interminables pañales. Aguantaste perretas, llantos, patadas y tirones, pero siempre con una sonrisa. Fuiste el herrero que fabrico mi primera espada de madera y el que me enseño a jugar a baloncesto, recuerdo una pelota, que ahora no sería mas grande que mi mano, azul, blanca y roja.Yo siempre te pedía un cuento antes de irme a dormir, el cual tu me leías aunque estuvieras reventado de trabajar por ejemplo el que empezaba así: "Y cuando se despertó..."
El tiempo pasó y el mundo pareció acelerarse demasiado rápido, pero aunque las cosas cambiasen yo se que tu seguías estando ahí, en los buenos tiempos y en los difíciles. Por mi parte, a esta edad, se que no fui un niño modélico y siento los comederos de cabeza ocasionados. Apostaste siempre por mi e intentaste que saliera adelante ayudándome con los estudios, sobre todo el maldito inglés. Nunca me faltó un plato de comida en la mesa y salías corriendo del trabajo, aun estando cansado, para darme de cenar y al menos pasar unos minutos juntos antes de irme a dormir, algunas veces conseguía que te quedases hablando conmigo sobre cualquier cosa, esas conversaciones hoy en día aun me siguen gustando mucho y las disfruto enormemente.
En estos momentos, recuerdo muchos momentos, felices y no, pero da igual, podemos discutir, gritarnos y pelear, pero al poco tiempo ya estamos reconciliados e intentando solucionar el problema juntos. Desearía hacer tantas cosas para las que no tuvimos tiempo. Aunque seas un tozudo y cabezón que siempre tiene la razón yo te sigo queriendo, gracias papá.

PD: Te recuerdo que tenemos que empezar a hacer deporte, juntos es mas fácil, muy rica la cena y hoy friego yo los platos.

                         
                                                                                     Aristóteles Fernández López


martes, 18 de marzo de 2014

Ella es Sofia Nº 2.1. ¡Venga chicos!

El viento era fuerte, como su deseo de llegar a la costa, a puerto, a casa. Parecía que el mar quisiera echarlos de sus dominios tras una brutal violación de sus habitantes. Las olas se estrellaban contra el casco del barco haciendo que este se tambalease sin oposición, los marineros se esforzaban por mantenerse en pie y no salir volando por los costados del navío. En aquel momento Ulises se arrepintió por segunda vez de haber aceptado aquel trabajo, ¿Pero que iba a hacer? sus escasos ingresos no le permitían hacer frente a sus gastos y estaban a punto de echarlo del piso por impagos. Siguió apretando con fuerza la cuerda con la que mantenía su cuerpo atado al barco y pensó en lo único que conseguía mantenerlo sereno cuando todo le iba mal, Sofía. Por supuesto no le había contado nada de sus problemas económicos y menos aun de que se enrolaría en un barco de pesca, no quería preocuparla mas de lo necesario, a parte ella nunca se lo habría permitido.
 -¡Tú, novato! -gritó el capitán- hay que arrojar parte del cargamento por la borda, tenemos sobrecarga, o lo hacemos o nos vamos con los peces al fondo.
 -¿Qué tengo que hacer señor?
 -Hay que sacar las cajas una a una a la cubierta e ir tirándolas con la mayor rapidez posible, vete a la bodega y ayuda a los demás.
 -¡Si señor!

Ulises se desató y fue corriendo entre traspiés y choques hasta las bodegas del barco, allí estaba la gran mayoría de la tripulación sacando cajas de peces y tirándolas por la borda.
 -¡Chico! -gritó un marinero de unos cuarenta años- ven y ayúdame con esta caja.

Sin pensarlo, Ulises cojió el otro extremo del pesado baúl y lo levantó, lo llevaron fuera y lo arrojaron por un lateral mientras el barco se bamboleaba a punto de volcar en cualquier momento.
Tras una hora de trabajo, la sobrecarga estaba casi eliminada, pero la tormenta no amainaba y los hombres estaban cansados.
 -¡Venga chicos! las últimas cajas -grito el capitán- ¡no dejéis que esta perra sea la primera que os venza!
Los marineros redoblaron el esfuerzo y siguieron vaciando la bodega. Ulises gracias a su constitución atlética estaba aguantando mejor que el resto, pero el cansancio también estaba haciendo mella en sus brazos. Junto con un oficial cargó otra caja y la llevó hasta la cubierta, de repente una gran ola rompió contra el barco, este tembló y se bamboleó como nunca antes, el agua, el frío y el cansancio hicieron resbalar al oficial, que cayó al suelo y soltó la caja, la cual era demasiado pesada para Ulises y lo arrastró hasta el borde del barco donde chocó contra la barandilla. Antes de que el oficial se pudiera levantar, otra ola choco aun mas fuerte contra la embarcación y barrió la cubierta llevándose con ella al oficial, a la caja y a Ulises.

 Los tres bultos se estrellaron contra el agua fría, una manta oscura y salada que intentaba tragarlos. Ulises no podía ver al oficial en el agua e intentó gritar a la cubierta para que lo rescataran.
 -¡Eeeeh! ¡estoy aquí! ¡En el agua! ¡Aquí!
Gritaba con todas sus fuerzas, pero nadie le oía y cada vez que lo hacia tragaba un litro de agua.
-Sofía...

domingo, 16 de marzo de 2014

Ella es Sofia Nº 1.4. ¿Dónde está el jabón?

Era de día y el sol se colaba por las rendijas de la persiana inundando el salón de puntitos de luz. Sofía no estaba al lado de Ulises y este se encontraba solo y desnudo en aquel sofá de tela amarronada. No se escuchaba ningún ruido en la casa ¿Dónde estaría Sofía?
Se levantó, recogió sus calzoncillos, estaban encima de la mesa junto a toda su ropa ordenada, y después de ponérselos salió al pasillo, miró y si, efectivamente estaba solo. No sabía que hacer, no era su casa y se puso un poco nervioso, aunque esta sensación duró poco pues de repente escucho abrirse la cerradura de la puerta de entrada, tras ella, apareció aquella chica de pelo negro y ojos azules que tanto le gustaba.
Sofía se sorprendió al verle allí de pie plantado y casi desnudo.
  -¡Eeeh! ¿Por qué te has puesto los calzoncillos? Estás muy bien sin ellos.
  -No quería que la vecina me viera por la ventana -contestó Ulises- tiene pinta de estar mayor y las emociones fuertes le pueden sentar mal, no como a ti que se te ve aun entera.
  Sofía se rió y dijo:
  -Que chulito eres, pero te lo paso porque estás muy bueno.
  -Eeeh, empezaste tú, cambiando de tema, ¿Qué llevas ahí? -dijo Ulises señalando la bolsa que Sofía tenía entre las manos.
  -El desayuno ¿Te gustan los churros? ¡Están recién hechos!
  -Me encantan, es la segunda cosa que mas me gusta comer en tu compañía nada mas levantarme.
  -Que bobo eres, en serio, no se como te aguanto, dúchate y voy poniendo la mesa.
  -Porque te encanta mi culo -contestó Ulises mientras lo iba moviendo en dirección al baño.

Dentro, colgado detrás de la puerta, estaba el albornoz con el que había sido recibido la noche anterior. Pasados unos años aquel albornoz sería uno de los muchos buenos recuerdos que permanecerían imborrables en su mente. Ulises abrió el grifo y mientras el agua se calentaba pensaba en la suerte que tenía al haber encontrado a alguien tan especial como Sofía, que perdonaba sus defectos, no le importaba su pasado y que tenía la virtud de alegrar cada momento que compartía con ella. Sus pensamientos fueron asaltados por música, Sofía debía haber encendido el reproductor y había elegido casualmente o intencionadamente música electrónica, nada mejor que unos ritmos fuertes para despertar bien.

Ulises se quitó la escasa ropa que llevaba y se metió bajo el chorro caliente de la ducha, el cual chocó contra su cuello derramándose por su espalda y su pecho. Cuando fue a echar mano del champú, se dio cuenta que no había ningún bote dentro de la ducha.
 -¡Sofía! ¿Dónde está el jabón? -gritó Ulises.
No recibió respuesta, la música debía estar bastante alta, pero lo volvió a intentar.
 -¡Sofía! ¿Dónde tienes el jabón?
Tras este grito la puerta del baño se abrió y Sofía descorrió la cortina de la ducha, estaba desnuda y con el pelo recogido.
 -Aquí está -dijo ella señalándose con cara pícara- ¿Puedo entrar?
A Ulises se le puse una sonrisa de oreja a oreja y contestó:
 -Claro, el mundo es libre, pero vamos a estar un poquito apretados.
 -Bueno, eso no es un problema, ya nos las arreglaremos para no romper nada.
Estaban allí los dos, juntos, bajo el agua caliente que caía sobre sus cabezas, mojándose los labios, calentando sus cuerpos, acariciando sus mejillas, besando sus anhelos.
Sus cuerpos se unían y se separaban para luego volver a juntarse, bailaban bajo la lluvia una danza de gemidos y pensamientos lascivos, desbocados, furtivos. Fuertes acometidas de hambres matutinas, posturas imposibles con placeres inaudibles que harían, en comparación, que ni el infierno pudiera derretir ni un solo hielo, pues ellos tenían en aquel momento todo el fuego que en el planeta había.

Al salir de la ducha, ambos tenían la sensación de necesitar otra, pero esta vez de verdad.
Fueron a la cocina y desayunaron abundantemente reponiendo las fuerzas perdidas.
 -Nena -dijo Ulises- que sepas que me ha encantado estar hoy contigo y que ya estoy deseando la siguiente, pero me tengo que ir en breves, tengo que darle el cambio de turno a Luis en la panadería.
 -No te preocupes, yo entro de tarde y también me tendré que ir, pero guárdame un secreto.
Sofía se acerco a Ulises y le susurró al oído:
 -Estaré pensando todo el día en tus manos sobre mis caderas.
 -No se si lo haces a posta -contestó Ulises- o es que eres muy buena, pero siempre me dices lo que quiero oír en cada momento.
Ella se rió y dijo:
 -Es un don, uno de muchos que aun no conoces.
 -Mmmm, tentador, estaré atento.

Después de desayunar, Ulises se preparó para marcharse, tenía que pasar por su piso a cambiarse. Ya en la puerta, antes de salir, se le vino un recuerdo a la mente.
 -Sofía, ayer mientras lo estábamos haciendo, ibas a decir algo.
 -¿A qué te refieres? No me doy cuenta-
 -Si, cuando se te cortaron las palabras, ibas a decir algo, ¿No te acuerdas?
 -No, no sería nada importante ¿Qué mas da?
 -Ya... bueno, me voy.

Ulises se despidió y le dio un beso a Sofía. Se marchó como llegó, a través del ascensor y con prisas.

jueves, 13 de marzo de 2014

1er Pecado. Envidia



Las nubes sonrosadas por el dulce viento,

Alcahuetas pasajeras de un Sol esquivo

Que escapa de la intermitente Luna.

Aunque puede que él no huya,

La sigue y la busca.

Al gato y al ratón jugando,

Uno tras el otro en el cielo caminando,

Quizás no caminando y si corriendo,

Quizás no corriendo y si persiguiendo,

Piden al tiempo que les de un respiro.

Este no contento con su circo,

Les deja en la boca la miel,

Pocas veces deja a Sol y Luna juntar su piel,

Ella encima o puede que sea él.

Fuera de todo esto queda la pobre Gea,

Le arde en el pecho la envidia, pero sonríe,

Saluda a Luna y la maldice,

Busca ayuda en el impredecible Cronos,

Este peor que el diablo, se frota las manos

Y hace cargar a Tierra con los humanos.

Perverso demonio que a todos atormenta,

Por igual ricos y pobres,

Por igual plebeyos lores,

Por igual hombres y dioses.



Para ella el trato fue castigo

Por jugar con lo prohibido,

En la envidia sucumbió

Y lo que buscaba perdió.

Ella es Sofía Nº 1.3. ¡Por Dios no pares!

Ulises ya le había desabrochado varios botones del vaquero antes incluso de que se diera cuenta de sus propios actos, movimientos instintivos que brotaban desde dentro de él sin tener casi que pensarlos.
Cuando terminó empezó a tirar de una pernera y luego de la otra, tan despacio que parecía saborear el momento, hasta que estos cayeron al suelo.
  -Ahora mismo -dijo Sofía- pienso, que si no fuera porque me quedan genial, no me los volvería a poner nunca mas.

Ulises no hizo mucho caso a este comentario pues andaba en lo suyo, jugueteando, haciéndola sufrir un poquito, haciendo que lo desease, en definitiva, calentándola hasta el punto de desbordar el salón con sus exalaciones de excitación.
Subía y bajaba desde sus senos, pasando por el ombligo, hasta llegar a los muslos y vuelta a empezar. Para Sofía aquello era casi como una tortura y no paraba de morderse los labios deseando que empezase ya su danza de saliva y calida humedad.
Para él era gracioso ver como Sofía, una empresaria de gran carácter y energía, acababa derritiéndose y ablandándose cuando estaba tan cerca de su "sonrisa". Puso la mano en su vientre y fue bajando hasta sus braguitas de color negro coronadas con un lacito blanco, sus favoritas, estaban húmedas, perfecto. Introdujo su mano bajo la tela oscura y encontró la dulce fruta, suave y húmeda. Esto provocó en Sofía un pequeño sobresalto e hizo que abriera un poquito la boca para luego volver a morderse el labio.
 Al igual que el pantalón, la lencería también acabó en el suelo, aquello la dejaba desprotegida, pero no era la ropa lo que le daba la fuerza, sino su forma de ser, hasta en aquella situación él podía ver el fuego que emanaba de ella. Con la mano aun dentro, Ulises empezó a moverla, primero en círculos y luego introduciendo dos dedos, el corazón y el anular, eran largos y fuertes pero nada toscos, hacían que las primeras olas de calor recorrieran el cuerpo de Sofía acompañadas de unas discretas espiraciones que iban en aumento a medida que él iba acelerando la velocidad de sus dedos. Los mismos dedos que otrora escribiesen bellos versos ahora los esculpen en el cuerpo de Sofia.

El juego de repente cambió en un segundo. Sofía se levanto agarró a Ulises y lo empotró contra la pared del salón, mientras le besaba saco el cinturón del pantalón y le bajó la cremallera. La virilidad de él ya llevaba mucho tiempo encerrada y le apretaba en los pantalones. Cuando ella introdujo su mano y lo descubrió, Ulises ya estaba mirando al cielo.
  -Joder nena, como te echaba de menos, me enc...
 Sus palabras se cortaron cuando ella se arrodillo y lo empezó a chupar y a lamer, jugaba con él masajeándolo de arriba a abajo al mismo tiempo. Ulises le reunió el pelo en una coleta que sujetaba con la mano y acompañaba con el brazo los movimientos rítmicos que ella hacia con la cabeza. El placer le hacía apretar las nalgas y el frío de la pared le pasaba inadvertido, las podría haber derretido y atentar así contra la integridad del edificio, podía haber quemado la ciudad, el mundo, si hubiera dejado pasar un segundo mas.
Pero no podía esperar, tenía que poseerla, tenía que estar dentro de ella. Apartó a Sofía y terminó de quitarse la ropa dejándola al lado de la de ella.
Ulises hizo que se pusiera en pie y la puso cara a la pared, la tenía agarrada por las caderas y se apretaba contra ella mientras besaba su cuello. Con ayuda de una mano introdujo su virilidad dentro de ella haciendo que Sofía apretara el cuerpo para luego relajarlo dejándose penetrar. Ella dobló la espalda para recibirlo en toda su plenitud mientras se giraba para besarlo, aunque le era casi imposible hacerlo porque con cada arremetida tenía que abrir la boca soltando un gemido que descargase todo el placer que estaba a punto de hacerla explotar.
Cada arremetida venía seguida de una ola de calor y placer mas grande que la anterior.
  -¡No pares Ulises! ¡Por Dios, no pares!
Estas palabras se transformaron casi en gritos, gritos de placer que excitaban los oídos de Ulises y le hacían redoblar el esfuerzo. Notaba como un escalofrío le recorría la espalda y le apretaba los músculos.
Sofía tenía las manos y el lateral de la cara apoyadas en la pared cuando sus piernas empezaron a temblar, le fallaban las fuerzas pero no podía parar, estaba a punto de...
-¡Aaah!- gimió Sofía- ¡Ulises! Te...
Una nueva arremetida la hizo callar y todo su cuerpo junto con el de él tembló agitadamente. Ulises fluyó por Sofía inundándoles de una agradable sensación de paz.
Cayeron rendidos sobre el sofá que tenían a un lado, antes de quedarse dormidos pudieron tapar sus cuerpos desnudos con una manta de escasa utilidad ya que sus cuerpos arderían toda la noche bajo una sola piel.

miércoles, 12 de marzo de 2014

Ella es Sofia Nº 1.2. Eeeh, tu tienes mas ropa que yo.

Sofía le tenía el cuello rodeado con sus brazos y se aferraba a él como si fuera a escaparse de un momento a otro, Ulises agarraba con las manos las caderas de Sofía mientras la besaba con dulzura, con pasión, como si fuera la última vez.
Ella le mordió el labio y tiró un poquito de él, tan sensual como siempre, y le dijo:
   -Veo que tenías ganas del postre, pero... no está en la mesa.
Ulises se levanto con ella en brazos y la puso sobre la mesa.
  -Ahora si ¿A que soy un buen camarero? -Bromeó él.

Aunque no lo dijeran, los dos tenían muchas ganas de estar juntos, llevaban casi nueve días sin verse y las ganas aumentaban con cada whasapp que se mandaban a lo largo del día.

Ella, aun sobre la mesa, tiro del pecho de su camisa hasta hacerlo caer sobre sí y le rodeó con las piernas. Ulises contestó a esta provocación atacando uno de sus puntos débiles, el cuello. Primero lo besó y lo mordió despacio, desde la base hasta detrás de la oreja, a él le encantaba hacerlo y sobre todo el olor de su perfume, le recordaba el primer día que habló con ella en aquel bar. Esto hizo que Sofía cerrara los ojos y se mordiera el labio inferior, le odiaba y a la vez le quería, el muy perro sabía lo que le gustaba y se aprovechaba de ello, aunque no era un problema... en absoluto.

Ulises fue bajando aun mas, hasta el pecho, y no dejaba un hueco sin besar o morder. El roce de su piel despertaba en él su fuerza mas profunda y acrecentaba sus ya perversos pensamientos de bestia.
  -Quítatela -le dijo- quítate la camiseta, no me gusta, no pega con la decoración.
Sofía empezó a levantarla despacio, dejando ver poco a poco lo que tanto le gustaba a él.

Era perfecta, le gustaba tanto con ropa como sin ella, pero claro, sin ella todo era mucho mas divertido. Sus curvas, en aquel momento, era todo lo que quería acariciar. Siguió bajando hasta encontrar la unión del sostén en el pecho y sin pensar y con un rápido movimiento de su mano derecha, lo desabrochó haciéndolo caer por los brazos de Sofía hasta el suelo.
Ella se cubrió con ambos brazos, quería jugar, pero Ulises no quería jugar, la quería a ella, poseerla, invadirla, agotarse mutuamente. Agarro sus brazos, los sujetó con fuerza contra la mesa y se apoyó encima de ella mientras mordía y chupaba sus sonrosados pezones.
Cuando ella se relajó, que no fue a mucho tardar por el placer, él siguió bajando hasta su ombligo sin dejar por el camino un centímetro libre de pecado o saliva.
Al seguir bajando y tocar el borde del pantalón, Sofía le apartó y le dijo:
  -Eeeh, esto no es justo, te sobra ropa poeta.
Ulises no necesitaba dar una contestación, fue desabrochando los botones de su camisa a cuadros, mientras Sofía, tendida en la mesa, miraba con atención. Lo estaba violando con la mirada y con cada botón mas aun. Podo ver el fuerte torso de Ulises y su piel tostada bajo el sol del mediterraneo. Lineas definidas, angulares, firmes... Un extra que la volvía loca.
Al quitar el ultimo botón, le lanzó la camisa a la cara y cuando ella se descubrió ya lo volvía a tener entre su ombligo y su pantalón dando guerra, desnudando fronteras, rompiendo trincheras, todo un soldado del verso armado del verbo sexo.

Redención



En este maldito mundo corrupto

Sin esperanza de salvación

Perdido estoy en lo mas abrupto

De una vida falta en compasión.



Por el pecado estoy convertido

En un oscuro ángel caído

Que esperando a las puertas del infierno

Busca el descanso en el sueño eterno.



Pero una visión me asalta la mente

Una figura de Venus alada

Y mirada de fuego ardiente

Que en la piel me la deja marcada.



De las garras de la parca me arranca

Y a los jinetes del averno espanta

Salvado estoy de la perdición

Gracias a la que diome su bendición.