lunes, 27 de octubre de 2014

Ella es Sofía Nº 3.2: Te quiero dentro de mi...

-Quiero ver como lo haces, quítatelo despacio, no tengas prisa.

A Ulises le encantaba jugar con Sofía, con el deseo que él conocía y que a ella le ardía dentro. Jugaba con su mirada, con sus labios, con sus manos acariciándole las piernas que en ese momento, aun con el pantalón puesto, le rodeaban.
Estando sentada encima de Ulises, Sofía empezó a mover las caderas muy despacio mientras iba bajando lentamente el cierre de su vestido blanco sin apartar la mirada de los ojos de Ulises.
Esto hacía que bajo ella, desde lo mas profundo de las furias de su amante, se despertase una rabia animal que prometía calor, ternura y placer, por ahora contenida por una 42.

Con la cabeza apoyada en unas almohadas, Ulises observaba y sentía, con los ojos bien abiertos y el pulso en aumento, veía como su "chiquilla" le transportaba a un mundo hecho solo para ellos dos. No tenía que darle explicaciones a nadie ni nadie se las pediría, no tenía que guardar las formas ni debía hacerlo, no tenía que hacer otra cosa mas que amar a su "chiquilla" ni podía no hacerlo.

El vestido salió disparado contra la silla junto al escritorio dejando al descubierto un sujetador cómplice y un tanga que iba a juego con los dedos de él. La casa de Sofía era todo lo contrario a la de Ulises, esta era organizada, limpia, sin un libro fuera de su sitio y siempre había comida en la nevera; pero como siempre que se veían, se mezclaban el uno con la otra y cambiaban los papeles. Cuando Sofía iba a casa de Ulises, este siempre la recogía antes de que ella llegara y cuando era al contrario, ella no podía evitar destrozar medio mobiliario con su particular lucha de placeres, les encantaba esa complicidad y dedicación que, sin pedirlo, les unía.

-Ven -susurró Sofía mientras se mordía el labio- dame tus manos.

Cogió las manos de Ulises con las suyas; una la puso sobre uno de sus pechos y la otra se la llevó a la boca. Sofía mordió con suavidad la punta del dedo índice y después de pasarle la lengua de abajo a arriba se lo introdujo en la boca humedeciéndolo, al sacarlo se lo llevó desde el cuello hasta su tanga rozando poco a poco, poro a poro, cada segundo de su vientre. Ella misma aparto su ya húmeda ropa interior y llevo la mano de Ulises a tocar su sexo, él le dejó hacer lo que ella quería con la única ayuda de un ligero moviendo de dedos, esto hizo que Sofía se humedeciera aun mas, corría lava por su interior.

Ulises la cogió por las caderas y se la llevó a la boca, se inundó la cara de ella y chupando con su lengua cada rincón de su debilidad hizo que se agitara con lujuria. Bebía de ella como si quisiera secarla para siempre, pero si lo hacía la volvería a chupar para que se desbordase de nuevo. Sofía gemía y se mordía el labio con ganas de mas, cogía el pelo de Ulises y tiraba de él con fuerza pero sin hacerle daño.
En un momento tras un éxtasis de placer, Sofía se bajó con las piernas aun temblorosas y empezó a desnudar a su "feo" de pies a cabeza, empezando por las botas y arrancándole la camisa. Ulises se quedó en calzoncillos echado en la cama con Sofía de pie en la habitación mirándole con sus pantalones en las manos. Viéndola allí erguida con su cuerpo de diosa griega, Ulises se sentía a punto de invadir Troya. Se levantó de la cama y la beso con ansia, con deseo, con pasión, con ternura y amor; como si quisiera arrancar la esencia de ese momento y guardarla en lo mas profundo de si mismo. Tenía a Sofía entre la puerta del armario y su cuerpo, le quitó las braguitas y tras humedecer sus dedos con saliva los introdujo dentro de ella arrancándole gemidos con cada movimiento.

-Ulises, por favor...-tartamudeó Sofía- te quiero ya dentro de mi... no... me hagaaaas...

Una oleada de calor y un temblor le recorrió el cuerpo haciendo que sus piernas flaqueasen. Él la puso con la cara contra el armario, beso y mordió el cuello de ella hasta recorrer esa curva a la que llamaba espalda. Admirando la belleza de la perfección del cuerpo de su gata morena, Ulises entró en ella uniendo sus sexos en un calor indescriptible que solo los que han follado con amor conocen.

Hicieron durante toda la noche lo que dos amantes hacen cuando quieren estar lo mas unidos posible, se pusieron la piel del otro y quemaron sus energías una y otra vez, cayendo rendidos para volver con deseos y fuerzas renovadas

A la mañana siguiente, Ulises despertó antes que Sofía y fue una de las visiones mas maravillosas que vería nunca en su vida, su chica dormía con el sol entrando por el balcón. Se quedó mirándola con ojos de admiración y locura, le dio un beso en la frente y se volvió a dormir.

domingo, 26 de octubre de 2014

Versos huérfanos (I)

Quiero llenar hasta el último rincón de tu sonrisa,
conocernos, poco a poco y sin meternos prisa,
mirarnos con cara inocente y llorar de alegría.
Querernos hasta que se marchite la noche y nazca el día.

Canción protesta

Tengo los sentimientos en huelga de hambre,
no comen, no beben, no muerden, no ríen...
De, a, con y para ti.
Necesitan una revolución que me recorra el pecho,
un festín de los nuestros...
un atracón de cuerpos...
un reventar de besos

domingo, 14 de septiembre de 2014

La chica

Eres la chica de todas mis películas,
la de mirada penetrante y de cadera lenta,
la de maravillosa sonrisa y pelo con coleta.
Eres la chica de todos mis bailes,
la del vestido rosa y tacón de medio metro,
la de las botas negras y la chupa de cuero.
Eres la chica de todos mis cuentos,
la de las doce campanadas y pelo suelto,
la del zapatito de cristal y espada al vuelo.
Eres... la chica de todos mis sueños.

martes, 26 de agosto de 2014

Buenas noches, la siguiente será la buena.

Hace frío pero aun así me remango la sudadera. Ya es tarde y en la calle no hay nadie, solo de vez en cuando algún alma perdida que anda vagando y que al pasar a mi lado no me mira a la cara. A algunas personas les asusta la oscuridad, a mi me da mucho tiempo para pensar y eso en realidad es lo que me asusta, me asustan mis pensamientos, me asusta lo que ellos puedan hacer conmigo... Meto las manos en los bolsillos de la sudadera y dentro encuentro una goma de borrar, que curioso, no recuerdo haberla metido ahí. Continuo caminando con mucho cuidado de solo pisar las lineas blancas en los pasos de cebra; uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y ya he llegado al otro lado del abismo peatonal. El muñequito rojo me dice que no lo haga, el verde que si, yo no les hago caso y cruzo sin mirar a los lados ¿Qué mas da...?

Echo de menos mi música, en estos momentos siempre me ayuda muchísimo a sobrellevar el peso de la oscuridad. Hay noches que pesa demasiado y necesito sentarme en cualquier sitio, apoyar los codos en las rodillas y meter la cara entre las manos; me hace perder el aliento, me falta el aire, no puedo respirar ¡AAAAH!
Me levanto y sigo caminando, dirección a mi casa, o eso creo. Es raro, ya no me llaman para saber donde estoy, solo para saber cuando voy a volver y empezar molestar. Una luz azul inunda la calle y proyecta mi sombra sobre el suelo; alargada, estrecha y oscura, vuelvo la mirada y un coche patrulla pasa a mi lado. No tengo nada que ocultar que ellos sepan, aun así me pongo la capucha y miro las lineas de la acera. Nadie se fija en las lineas de la acera...

¿De quién serán esos chicles? ¿Cuándo, cómo y por qué se habrán caído? Son como las estrellas del cielo... en el suelo, como los lunares de su cuerpo... en el suelo, como el sabor de muchos besos... en el suelo. Antes serian blancos, rosas, verdes, azules, amarillos pero ahora están corrompidos, la noche destiñe y los tinta negros. También hay muchas hojas, son amarillas amarronadas o marrones amarillentas, ellas son mas libres que los chicles, no se atan al suelo, se mueven con el viento. Es tan bonito verlas bailar unas con otras en el aire, entre las farolas, marquesinas y papeleras, que me dan ganas de convertirme en un hoja de un árbol caduco.
¿Qué hora será? No tengo batería en el teléfono y siempre que miro a un reloj callejero este marca la temperatura nocturna, parece que observan mis movimientos y no me dejan ver el avance del tic tac. Voy saltando de alcantarilla en alcantarilla, como si de pequeñas islas en un mar de lava se tratase. Nunca me quise quemar pero contigo sentí el calor del fuego como nunca.

El ritmo de mis pasos y el ronroneo de las maquinas expendedoras hace que pierda la noción del tiempo y de la distancia recorrida, mis pies se mueven solos y parece que saben a donde van, yo me dejo llevar, no tengo prisa. Derecho, izquierdo, derecho, izquierdo, rrrrrrhhh, derecho, izquierdo, derecho, rrrhhrrrh, izquierdo, derecho, izquierdo, derecho... Me apetecen gominolas, ya no hay papel de liar y la luz de las patatitas F8 no funciona.

Desde hace un rato un olor raro me acompaña. Me miro la suela de los zapatos y no veo nada extraño que pudiese ser el causante de tal olor. Puede que lo que huela mal sea mi conciencia, remordimientos por algo, por alguien, por ti, por ella, por aquello, por nada... El camino está tan lleno de recuerdos que es imposible que no duela, cada paso es un recordatorio de mi propia estupidez; de mi continua, sobresaliente y profunda estupidez. Lancé tantos besos al aire que no tuvieron respuesta que me quedé sin labios con los que poder beber hasta emborracharme para olvidarlo todo. Hablando de besos y alcohol, el puticlub Labios está abierto, paso por delante y las putas al verme ni se molestan en intentar piropearme.
Farola tras farola me sigo acercando a donde sea que estuviera yendo, un par de delirios mas y supongo que habré llegado. En cada calle veo una caricia furtiva, una mordida en el cuello, una despedida alargada por los besos; todas esas cosas que querría que hubiese pero que no existen. Intento esquivar estos pensamientos metiéndome por una paralela pero no hay manera de librarme de ellos; allí fue cuando pase mi mano bajo tu falda, en aquella esquina cuando nos cruzamos por segunda vez y tu ibas con un gorrito de lana, o en aquella otra donde me mordías el labio con tantas ganas.

El único que parece saber lo que me pasa es el sereno, acostumbrado a verme volver a casa con las manos en los bolsillos, siempre por el mismo camino y siempre con el mismo rostro. Me mira y me dice "Buenas noches, la siguiente será la buena". Yo le contesto con una leve sonrisa. Sabe que cada noche salgo a buscarte por los portales y que no te encuentro, que acabo tirado y que hay noches que no vuelvo, que me meto en la cama, doy mil vueltas y no me duermo, que de pensarte son las ojeras que tengo.

La llave pequeña para el portal. Subo los escalones a oscuras para no vernos allí sentados pegados a la pared comiéndonos los labios. Cuarenta y dos escalones con la mano en la misma barandilla en la que dejábamos la ropa y la vergüenza.
La llave grande para la casa. Ahora el suelo me dice "Bienvenido" y yo lo que quiero es largarme, salir otra vez y buscarte. Dos vueltas de cerrojo, todo a oscuras, entro, todo a oscuras, por el pasillo, todo a oscuras. No quiero pensar, me estalla la cabeza. Conecto el teléfono, lo enciendo y pongo la alarma. Buenas noches, la siguiente será la buena.


domingo, 10 de agosto de 2014

Ella es Sofía Nº 3.1. Pegate a mi

-Ulises date prisa, vamos a llegar tarde -dijo Sofía señalándole el reloj del teléfono- Sara y Luis ya nos estarán esperando en la plaza.
-Ya voy, ya voy, estoy terminando de peinarme -contesto Ulises desde el baño.
-¡Hombres...! ¡Y que tenga que ser yo la que espere por él! Manda narices...

En la calle ya se olía la fiesta, los voladores y los petardos estallaban por los aires en todas las esquinas de la ciudad mientras los niños corrían con bengalas chispeantes en las manos. Mientras la pareja se iba acercando a la plaza, la música proveniente de las carpas iba aumentando de volumen; el sonido de la orquesta, la risa de la gente y el trasiego de colores que circulaban delante de ellos era espectacular. La ciudad estaba viva y ellos formaban parte de ella. En el suelo, la plaza estaba coronada con una Rosa de los Vientos de unos dos metros y medio de diámetro hecha de pequeños azulejos; azules, blancos y rojos. Allí habían quedado con Luis y Sara, pero como siempre que se reunían, estos llegaban tarde.

-Mientras llegan voy a pedir unas copas -dijo Ulises- vengo ahora.

Cuando volvió con las bebidas, se encontró con un ruidoso cochecito de bebes del que salían unos llantos espantosos. Ulises siempre había tenido autentico rechazo por los niños pequeños y no tenía mucha paciencia cuando se trataba de llantos, pañales y biberones. La pareja que llevaba aquel bulto tan molesto estaba hablando con Sofía.

-Al pobre, el ruido y los petardos le han asustado - dijo la chica- Creo que nosotros nos iremos ya a casa.
-Es una pena que os tengáis que ir. Es muy guapo, tiene tu nariz y tus ojos, Lucía -señaló Sofía con una sonrisa.

Esta se fijó que Ulises volvía con las copas y con una cara un poco insegura. Ella ya sabía lo poco que le gustaban a él los bebes y en general los niños pequeños así que al coger su vaso de la mano de Ulises le miro pidiéndole un poco de paciencia.
Tras las presentaciones con Ulises y los tradicionales planes de quedar a tomar algo en otra ocasión, la pareja se despidió y volvió a casa por el paseo de la playa.

-Ya se, ya se, no te gustan los bebes ¿Vamos a bailar? - rió Sofía quitándole hierro al asunto.
-¡Claro! tengo ganas de menear tus caderas.

Ulises la cogió de la mano y le dio una vuelta sobre si misma en dirección a la carpa. Aquello estaba a reventar, los camareros de las barras no daban a basto en atender a toda la gente. La orquesta ni mucho menos era conocida pero conseguía, no se sabe bien como, animar al público con canciones viejísimas pero que todos parecían conocer al pie de la letra.

Bailaron, rieron, jugaron, se seducían mutuamente juntando sus cuerpos en cada compás de la música, la bebida corría; ron cola, vodka naranja, vodka redbull, jagger, tequila...
La lengua se les iba soltando y todo les hacía gracia, era un espectáculo verlos bailar, no eran malos bailarines, incluso estando un poco "alegres". Sofía se dejaba llevar y Ulises la guiaba con las manos, la movía, la traía y la giraba cuando el quería, sin perder el ritmo y sin dejar que el liquido del vaso se vertiera.

-Cógeme Ulises, no me sueltes ¡Allá voy!

Gritando esto, Sofía salto sobre Ulises y quedó enganchada a su cuerpo con piernas y brazos, mientras él la sostenía apretándola contra si. Ulises dio dos pasos hacia atrás y la miró a los ojos, ella le devolvió la mirada y cuando fue a darle un beso el cambio de peso desequilibró a Ulises y le hizo caer de culo en el suelo con Sofía encima. Toda la gente de su alrededor se les quedó mirando pero ellos, después del susto inicial, se empezaron a reír a carcajadas, nada les importaba cuando estaban juntos.

-Que bien os lo estáis pasando sin nosotros, ya verás a quien le va a doler el culo mañana -dijo Luis riendo.

-Bueno, seguro que no tan bien como vosotros -contestó Ulises mientras se incorporaba con Sofía- por la arena de tus zapatos y por la marca de pintalabios en tu cuello diría que la playa os ha sentado muy bien.

Sara se puso roja como un tomate y se rió timidamente.

Pasadas unas horas, la carpa se fue vaciando pero Sofía y Ulises ya habían decidido volverse a casa media hora después de haber perdido por tercera vez a Luis y Sara entre el tumulto, les dejaron un mensaje en los teléfonos y se fueron caminando de vuelta al piso de Sofía entre tropezones, besos y promesas lascivas recitadas al oido.
Subiendo en el ascensor no faltaron los besos con lengua y las manos juguetonas bajo la camiseta; los susurros al oido y las mordidas en el cuello. Entraron chocándose con todo, sin parar de besarse y empotrándose contra la pared para ir quitándose pieza a pieza la ropa que ya parecía que les quemara.

-Te cojo Sofía, no te suelto.

Y diciendo esto, Ulises la agarró mientras ambos caían sobre las finas sábanas de verano.

viernes, 8 de agosto de 2014

"Mi minimapa escatológico": CAPITAL

Jueves noche, 23: 33 bajo la oscuridad. En el cielo, los ojos titilantes de unas fieras emboscadas que están al acecho, no hay estrellas, hoy no. Voy en el último tren del día y tengo claro cual es mi parada de destino. No importa lo oscuro que a simple vista esto pueda parecer al ojo ingenuo, para mi, es un desahogo dentro de la falsedad del mundo, es un refugio con la sinceridad mas brutal.

El tren sale del túnel por el que había sido engullido y mirando por la ventanilla la ciudad está iluminada por los grandes focos de las discotecas y los fuegos en los que los gordos mendigos piden limosna para comprar una triple con queso. 
Por el altavoz del tren se escucha: "Última parada, Ciudad Pecado"
Yo, sonrió impaciente. 

Previsión climática: Alta humedad, calor sofocante y con probabilidad de precipitaciones.

Al abrirse las puertas de mi vagón ya se podía sentir en el aire el aroma del éxtasis. Dicen que no hay dos personas que lo huelan de la misma forma, cada una tiene su propia manera de oler el pecado, a mi por ejemplo me huele a o, cosa que seguro me viene de la infancia.

Este era sin duda el lugar que mas me aburría de la ciudad. Estaba en Parada Pereza. Toda la gente que trabajaba aquí hacía lo mínimo e incluso menos si les era posible. Para pagar era aconsejable llevar el dinero exacto, el taquillero podía tardar entre 5 y 10 minutos en contar una moneda grande y entre 15 y 20 minutos una pequeña, así que quedaba descartado el uso de la calderilla.

00:47 del nuevo día. Por fin he salido de la estación tras tener que ver como el taquillero contaba los dos bitcoins y medio que costaba el billete de vuelta. Lo compré ahora porque a las 6:30 de la mañana, con resaca y con el cuerpo molido no es muy apetecible quedarse dormido en la estación de Ciudad Pecado esperando por el vago de turno.
Ya fuera, solo puedo decir que me siento un poquito mas viejo. Tengo el cuerpo cansado y los músculos agarrotados, aunque en la calle, poco a poco vuelven a su estado normal. Una de las cosas que siempre me han parecido muy extrañas en esta ciudad es que cada lugar tiene "asignado" un pecado y este influye en las personas que se acercan a estos santuarios de perversión como el dulce veneno inunda el cuerpo del que ya esesta enfermo.

Quiero llegar a la esquina de Calle Adulterio con Calle Suicida y no recuerdo si era el portal Nº 33 o el Nº 53, cuando llegue allí las profesionales del oral ya me indicarán. Está en la otra punta de la ciudad pero por nada del mundo se me ocurriría coger un taxi, eso es solo para turistas que buscan divertirse con experiencias fuertes. En esta ciudad, los taxis son la ruleta rusa de la carretera; puedes ser la estrella de una violación en grupo, el protagonista de una paliza sin final feliz o el buen samaritano que acaba en una bañera por "donar sus riñones". Hoy no tengo cuerpo para esas cosas, así que iré andando.

Es fácil perderse en una ciudad tan repleta de perversas posibilidades, siempre hay algo nuevo que haga que los sentidos se te disparen o algo nuevo que te dispare sin sentido. 00:51 y Calle Mayor con Menor está abarrotada, se puede ver como las señoras van tan cargadas de maquillaje, pieles caras, grandes sombreros y joyas que parecen los pavos reales de la soberbia. Van caminando meneando las caderas y exagerando todos sus movimientos, paran a mirarse en el reflejo de todos los escaparates y con su pintalabios se repasan los labios de color rojo pasión (putón, no nos engañemos).

Se acerca la hora, 01:17 y el espectáculo está a la vuelta de la esquina. He tenido que correr los cien metros lisos escapando de unos tipos extraños con gabardinas y piruletas. ¿Tan joven se me ve? Debe de ser que me he afeitado y parezco un quinceañero. El olor a regaliz ha ido intensificándose a medida que me iba acercando a Colisevm, el bullicio de personas era abrumador, todos estaban esperando pasar una velada agradable con los espectáculos programados para esta noche.

Yo había comprado mi pase por internet por seguridad, no quería que me arrojaran a un callejón antes de tiempo diciendo "el dinero o la vida". Al final era en Calle Suicida Nº 33 y me podría haber ahorrado tener que pagar a las furcionarias del sexo por que me agarrasen las partes bajas y me señalasen el lugar, la dirección estaba indicada en el reverso de la entrada junto a los pechos de una exuberante mujer.

En la fachada del edificio, un gran letrero luminoso anunciaba los participantes nocturnos:
  "SEBO, RÓMULO, PÍCARARA Y PARA FINALIZAR UN INVITADO ESPECIAL ¿?¿?¿?¿?"

Las 01:28 y el publico ya está sentado, cada uno en su butaca, a mi me ha tocado la letra G en la fila 4. Los 1208 asientos de los que dispone la sala están ordenados circularmente alrededor de un escenario al que se accede por una pasarela colgada por encima del público. Toda una obra de ingeniería.

01:30, las luces se apagan por completo y dos focos se vuelven a encender apuntando al centro del escenario donde apareció una mujer ataviada con un vestido negro con puntitos blancos, unos tacones y un pañuelo del mismo estilo que el vestido atado al cuello.

-¡Damas y caballeros! Yo seré su anfitriona en esta noche de placer, el espectáculo de hoy consistirá en tres magnificas actuaciones y una sorpresa final; todo acto impuro está permitido si ello no hace que se levanten de sus asientos, haremos tres pausas y si lo desean pueden avisar a nuestras sexys camareras si lo necesitan. ¡Y sin mas dilatación, Colisevm se enorgullece en presentarles aaaa... SEBO!

Nada mas terminar de decir esto las luces se volvieron a apagar y el suelo empezó a temblar ritmicamente.

jueves, 8 de mayo de 2014

Ella es Sofía Nº 2.7. ¿Es este nuestro final?

La mañana ya estaba vieja cuando Ulises se despertó. Había dormido mas de diez horas pero aun se sentía muy cansado físicamente,  la noche había sido larga, un despertar continuo, una y otra vez, pesadilla tras pesadilla para volver a caer rendido en la almohada. Sentía como si el tiempo no pasase y las afiladas manecillas del reloj le pincharan el craneo, daba vueltas bajo la fina sabana que le cubría el cuerpo y el mundo giraba con él. No paraba de pensar en todo lo que había sucedido en estos últimos días, para él solo significaban un par de segundos o igual un par de vidas. Reflexionaba sobre la fragilidad de la vida, como en un segundo puedes pasar a ser pasto de gusanos o verte arrastrado a la oscura soledad. También se sentía traicionado y humillado, su vida había perdido todo el sentido que podía llegar a tener, pues la razón por la que él estaba allí había preferido liarse con un desconocido... Sofía... Sofía... Sofía...
El pitido del teléfono le sacó de su mundo de demonios y fantasmas de una patada, lanzándolo de pleno a la realidad de su vida, porque... Era su vida ¿no? Empezaba a dudarlo, esto parecía una broma macabra del destino que jugaba con él como una pelota a la que se golpea contra una pared con clavos. Para colmo y mas regocijo de lo que fuera que se burlase de él, la compañía telefónica le ofrecía entrar en un sorteo de un crucero por el mediterraneo si el y su pareja se pasaban a contrato, era hasta gracioso...

Cuatro y media de la tarde y la televisión solo ofrecía películas basura de clase B mientras el sofá, en otro tiempo un gran amigo, se le clavaba en la espalda intentando echarle dando en él, amor de muelle. El único que siempre estaba ahí y parecía notar su estado anímico era su peludo amigo, apoyaba su hocico en las rodillas de Ulises mientras gemía, le miraba como si comprendiese que le sucedía a su amo y tratase de consolarlo.
Dante, que así se llamaba el perro, se las había apañado muy bien solo todos estos últimos días, siempre conseguía abrir la despensa donde Ulises guardaba sus deliciosas croquetas y el agua de vater siempre era una opción para beber, aunque luego le diera dolor de estomago, los desechos eran un misterio, Ulises aun esperaba abrir un armario y encontrarse allí entre sus zapatos el pastel ya reseco.

Seis y media de la tarde y aun no sabía si acudiría a la cita con Sofía, él sabía que ella iba a estar allí, fuera o no fuera él. Aquel rincón al anochecer se convertía en un lugar único, casi mágico, el viento no se asomaba por allí y solo se dejaba notar una suave brisa, pues estaba metido entre dos muros de piedra a la orilla del mar, la luz del sol rebotaba en el agua y la convertía en un espejo de luz, era su lugar preferido para estar, los dos podían pasarse horas allí metidos haciendo cualquier cosa, juntos o separados aquello era un remanso de paz, era El Lugar, El Sitio, "Nuestro Rincón"...

Después de recoger la casa, ordenar el correo y sacar a Dante a pasear, Ulises decidió ir. Ocho y media y ya estaba listo, los nervios le habían hecho prepararse antes de lo necesario y ahora no sabía que hacer. Andaba dando vueltas por toda la casa intentando distraerse, pero el reloj casi no se movía de su sitio. Aquello le recordaba al primer día que había quedado con Sofía en una cita, solo que en esta ocasión el origen del nerviosismo no era el mismo que en aquella ocasión. Le sudaban las manos y el estómago le daba tumbos, no paraba de mirar las manecillas del reloj y de tan nervioso que estaba debía haberse lavado los dientes al menos tres veces.

Cartera y llaves en el bolsillo derecho, el teléfono en el izquierdo y con el corazón en un puño, Ulises salió por la puerta. El ascensor le resultaba claustrofóbico y en la calle había demasiadas personas ruidosas. Normalmente el trayecto que le habría llevado recorrer unos diez minutos, esta vez le llevo el doble, era como que su cuerpo no quería enfrentarse a esa situación, mientras su cabeza le decía que debía hacerlo, el resultado entre esta lucha de intenciones eran unas nauseas y pequeños mareos repentinos que le obligaban a detenerse y tener que contener las arcadas provocadas por las mariposas moribundas de su estómago.

Justo antes de llegar al borde de la playa por donde bajaba la improvisada rampa que ellos usaban para descender, estaba en el momento de mayor tensión, deseaba al mismo tiempo que ella estuviera y no estuviera allí; apretaba la mandíbula, tensaba los músculos, estaba sudando y el estomago se le hacia nudos marineros. Siguió el sendero de hierba pisada que descendía en lateral, a su paso, se encontró con muchos recuerdos en la bajada; los árboles de los que había cogido naranjas, los pájaros que les habían observado hacer el amor bajo la luna y la hierba verde que les había servido de cama tantas otras noches de fiesta inagotable. La visión de estos recuerdos aun muy vivos en su cabeza hizo que se tranquilizase un poco y respirase profundamente cerrando los ojos.

-Como cierres mucho los ojos bajando por esa cuesta vas a acabar rodando hasta abajo como la última vez ¿Recuerdas? -le dijo una voz que le resultaba muy familiar y tremendamente dulce.

Ulises abrió los ojos y todo en su interior quedó en calma, pero con una sensación de inquietud, como un tsunami congelado delante de la costa. Allí estaba ella, de pie, mirándole, con una sonrisa compasiva y encantadora, pero sus ojos... sus ojos lo decían todo, parecían cansados, tristes, hinchados; como si hubiera estado llorando escasos momentos antes, le decían todo lo que quería saber y lo que no, no podían disimular lo que la sonrisa trataba de hacer.

Al acercarse, Ulises le puso la mano derecha en la mejilla y le acaricio con los dedos.
 -¿Te encuentras bien chiquilla?

Tras esta pregunta se produjo un silencio en el que los dos se miraron a los ojos sin saber que contestar pues ninguno lo sabía realmente. Se querían mucho y se odiaban por igual, aunque ninguno lo dijese, los dos lo pensaban. La conversación tuvo muchos "estancamientos" similares, hablaron de todo lo ocurrido, de lo que pensaban y sentían; miedo, añoranza, celos, pasión...
aa
 -¿Es este nuestro final, Ulises? ¿Todo acabará aquí, donde empezó?
 -Puede que no sea nuestro final...- contestó él- puede que un nuevo comienzo, diferente.
 -En otra ocasión no me atreví a decírtelo, pero ahora no tengo miedo, Ulises te...
 -Te quiero Sofía -le interrumpió él- te quiero mas que a nada y a nadie que haya tenido en mi vida.

Se besaron, como nunca antes, mientras se les caían las lágrimas, sonreían y se volvían a besar, el cogía su cara y ella estaba agarrada a su cintura. Mientras, el sol descendía plenamente por el horizonte marino.


martes, 8 de abril de 2014

Ella es Sofia Nº 2.6. Sueños humedos

¿Qué debía hacer? esa era la pregunta que llevaba haciéndose durante mucho tiempo, por una parte quería, pero por otra lo rechazaba completamente. Una chica normal seguramente habría dicho que no y se habría quitado de un problema de encima, pero Sofía no se caracterizaba por ser una chica normal, era pasional, impulsiva y sentimental, aunque a primera vista pareciese fría y calculadora.
Sofía contestó al mensaje de Samuel: "No te preocupes,ven, puedes pasar aquí la noche"

Con otro mensaje le indicó la dirección de su piso y al poco le tuvo que abrir la puerta de casa. Venía cargando con una pequeña maleta de viaje.
 -Pasa -dijo Sofía- me iba a ir ya a la cama ¿Has cenado algo?
 -Si si, comí en el kebab de aquí abajo, espero no molestar, mañana me iré temprano, tengo que coger un vuelo, te lo agradezco mucho, después de lo de esta tarde no sabía que me contestarías, no conozco a nadie por la ciudad y no sabía a quien recurrir.
 -Tranquilo, puedes dormir en el sofá, es una putada que perdieras la cartera con el dinero.
Sofía le dio unas mantas y una almohada para que pudiera acostarse en el sofá.
 -¿Sabes? Me parece una excusa muy buena para meterte en mi casa, espero que no seas un violador.
 -Tranquila, estoy seguro de que si intentase algo, no sería violación.
Acompaño este comentario con una sonrisilla mientras se quitaba la camiseta.
 -Mmmm... creeeoo queee...-tartamudeo Sofía- creo que yo me voy a dormir.
Cuando se giró, Samuel la agarró por la cintura, le dio la vuelta apretándola contra su cuerpo y le empezó a morder el cuello.
 -Samuel... yo... ¡nooo! no puedo, ya te lo dije... estas buenísimo, pero... no puedo... lo siento.
 -Si, es cierto, me he dejado llevar... dormir será lo mejor.
Sofía se le quedó mirando mientras se acostaba en el sofá, después dio media vuelta hacia su habitación con los remordimientos aun mas a flor de piel. Estaba dejando dormir a un hombre en su casa, el cual ya había intentado seducirla en varias ocasiones, ¿Dónde cojones estaría Ulises? Esto con él no pasaba...
-¡Buenas noches! -dijo Samuel desde el salón.

Sofía se acostó, pero no podía pegar ojo, pensaba en Ulises y en Samuel, tenía loca la cabeza. Después de no se cuantas vueltas, idas, venidas y giros en la cama, Sofía se quedó dormida y empezó a soñar:
Estaba en su cama, desnuda y con una finísima sabana por encima, al lado tenía a Ulises, le pasó la mano por el hombro y lo despertó. Empezaron a besarse y a hacer el amor, cerraba los ojos, apretaba los puños y mordía la almohada que tenía al lado, Ulises la poseía y la cubría con su cuerpo. En el momento máximo de placer, Sofía abrió los ojos y miró a Ulises, pero ya no era él, se había transformado en Samuel y no podía o mas bien no quería pararlo, terminaron los dos tumbados y exhaustos.

Al día siguiente el despertador sonó otra vez, como siempre, para Sofía. Abrió los ojos y se incorporó en la cama, notó un bulto extraño al lado, era Samuel, estaba tendido en la cama desnudo y boca abajo, no se lo podía creer, estaba confusa y no entendía nada, si había sido solo un sueño ¿Por qué estaba allí Samuel? Este se despertó, la vio allí mirándole y dijo:
 -¿Estás bien?
 -No lo se ¿Qué ocurrió anoche?
 -No parabas de gritar en sueños, así que vine a ver que te pasaba, cuando intenté despertarte, abriste los ojos, me tiraste en la cama y... bueno... eso...
 -¡Dios! ¿Qué he hecho...? -tartamudeó Sofía- te tienes que ir, esto no ha debido suceder.
Después de un desayuno en silencio, los dos se prepararon y salieron a la calle dispuestos a separarse  y a no volverse a ver, o al menos esa era la intención de Sofía. Sin despedidas, sin besos, Sofía solo quería irse, escapar, ir a algún lugar corriendo, pero no, tenía que ir a trabajar.
De camino, su teléfono sonó, era Luis, el compañero de Ulises en la panadería.

jueves, 3 de abril de 2014

Esto es el amor.



Conoces a una persona por casualidad,

Al principio sin ninguna maldad,

Hablas, te ríes, lo normal,

Nada por lo que poetizar.



Pero algo estarás ya intuyendo,

Si sabes que esto no es un cuento,

De esos de gnomos y hadas,

O de caballeros con sus espadas.



Esto va de todos los amoríos,

Si, si, podéis si queréis, reíros

Pero entonces demostrareis

Que de lo que hablo no conocéis.



Una personalidad vibrante y explosiva,

No como esas puercas de saliva excesiva.

Hablo de la más pura belleza hispana,

Hablo de toda una señorita, una dama.



No posee el español palabra para encerrar

Toda la hermosura de su mirar,

Pues definirlo no haría justicia alguna

A toda su picaresca y dulzura.



No sabes de la pureza de sus palabras,

Que la más lasciva no suena macabra.



Escúchame tú,  maldito loco insensato

Apréndete bien mis palabras,

Que en un futuro no muy lejano,

Te veras ciego y poco cuerdo, enamorado.



¿Qué decir de sus caderas? las tendrás por paraíso,

Que no querrás de otras cortesanas

Lo que ella con sus manos te hará en la cama,

Recuerda esto y no protestes luego, yo te aviso.



Tus defensas caerán sin resistencia alguna

Y no podrás, ni querrás ponerte la armadura

Pues su flecha te atraviesa y te traspasa,

Y tu sonrisa de estúpido te delata.



No te insulto, solo me hace gracia,

Porque no sabes lo que te espera

Una tras otra las piernas flojean

Y tu el mas valiente capaz de cualquier audacia.



Te digo por experiencia, oyente o lector,

Que enamorarse no es bueno y menos aun mejor,

Te hace perder el sentido, la cabeza, la razón

Y lo que viene siendo mucho peor,

Te pone en un puño tu frágil corazón.

Los mineros también saben de amor



Yo no tengo un imperio que ponerte a los pies,

Soy de la calle y todo lo que ves,

No tengo palacios ni coches

Solo pensiones y mal de amores.

Cada día que bajo a la mina,

Pienso en ti y me juego la vida,

El sonido del pico y la pala,

Intentan acallar a este canalla

Maldito él, maldita su vida

Que tonto fui en ese día.

Ahora me lamento y lloro,

Ríos de hollín y polvo,

Surcos negros en mi cara,

Como recordatorios de mi mala fama,

¿Y ahora que me espera?

Nada mas que morirme de pena,

Te fuiste para no volver

Y lo único que me quedó

Fueron las ganas de llamarte amor.

martes, 1 de abril de 2014

Ella es Sofía Nº 2.5. ¿Por qué...?

Sentía que debía contárselo, le pesaba el tener que guardárselo y no serle sincero a alguien que le importaba tanto, siendo a la vez, en realidad, tan poco.
Las palabras eran yunques en su lengua, pero no se lo pudo callar.
 -¿Eso es todo? -preguntó Ulises con cara de poker.
Intentaba guardar la compostura, hacer como si no tuviera mayor importancia, pero no era así, le dolía aunque no pudiera expresarlo.
 -Ssssi, en serio que fue un accidente, cuando le conteste al whatsapp no pretendía que pasase nada de eso.
 -No tienes que darme explicaciones Sofía, tu tienes tu vida, esto es solo un desahogo del día a día.
Ulises estaba frío y ya no estaba cariñoso, se le notaba, cada una de sus palabras se le incrustaban a Sofía en lo mas profundo del corazón.
 -¿Estás bien? No quiero que estés así y ya me siento lo suficientemente mal yo por los dos.

Ulises no dijo una palabra mas hasta que Sofía llego a su casa, cuando llegaron, se bajó del coche y se despidió de ella con un beso en la mejilla y una sonrisa forzada. Sofía no necesitaba explicación, Ulises estaba dolido, con o sin razón, y ella sentía que le había fallado, ¿Cómo podía haber sido tan estúpida de pensar que solo sería un café?

Ya en casa, Ulises fue directo a la cocina, abrió la nevera y sacó una cerveza, se puso a tomarla en una banqueta de la mesa, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada perdida, mientras, su perro le lamia las manos y le empujaba con el hocico. Allí se quedó quieto un cierto tiempo que no llego a calcular, pudieron ser dos minutos o dos horas. Se le pasaron muchísimas ideas por la cabeza; locas, descabelladas o irracionales, todas útiles para acabar con lo que sentía en aquel momento; ira, rabia, despecho, impotencia, pero... ¿Por qué? Sofía solo era una muy buena amiga, con la que tenía "algo mas", entonces ¿Por qué quería estar con ella a cada momento? ¿Por qué fue en lo único que pensó cuando estaba en la tabla? ¿Por qué se ponía tan nervioso cuando ella le miraba a los ojos? ¿Por qué...?
Solo encontraba una respuesta para todas esas preguntas, pero no la quería creer y menos en aquel momento.
 -¡NO! -gritó Ulises estrellando la lata de cerveza contra el suelo- no....

Se dio una ducha, cenó un bocadillo frío y se fue a la cama. Antes de quedarse dormido miró el teléfono, llevaba sin poder cogerlo toda una semana y debía de estar petado a mensajes y llamadas. Fue leyendo todos los whatsapp que Sofía le había dejado, uno a uno hasta llegar al último, esto le desconcertó a un mas, ella se había acordado de él todos los días que estuvo en el mar, 12 llamadas perdidas, 3 sms y 37 whatsapps, de estos últimos la mayoría eran haciendo el bobo pero en los últimos ya se notaba su preocupación.
 *¡plinnn!* -sonó el teléfono- mensaje de Sofía: "Te eché y te echo mucho de menos, espero que me puedas perdonar, quiero verte, si quieres mañana quedamos donde tu ya sabes, a las 21:00, descansa y muchos besos feo"
Ulises se durmió con lágrimas en los ojos.

lunes, 24 de marzo de 2014

Ella es Sofía Nº 2.4. No podría explicartelo

Allí quedaron, sobre la mesa, enteros y sin tocar los cafés pedidos horas antes. El starbucks se había ido vaciando poco a poco mientras las manillas del reloj iban corriendo, rápido y sin pausa, pero allí seguían ellos hablando, riendo, contando sus anécdotas, en definitiva, conociéndose. Se habían pasado charlando la tarde entera y ya era casi la hora del cierre.
 -¡Oh Dios! Que tarde es -dijo Sofía- tengo que irme a casa, pero me ha encantado el café.
 -Si... la verdad que si es tarde -contestó Samuel- en buena compañía el tiempo pasa volando.
 -Espero repetir algún otro día, es muy agradable hablar contigo.
 -¡Oh, gracias! Lo mismo digo.
Se levantaron y salieron a la calle, primero Sofía y después Samuel, al que se le escapó la vista mas abajo de la cintura de su acompañante. No era de extrañar, Sofía tenía muy buen culo, redondo y respingón.
Caminaron hasta la plaza de aparcamiento de ella, aprovechando los últimos tonos rojizos del sol en el horizonte, disfrutando de las últimas coletadas de su conversación. A Sofía le invadía una sensación de culpabilidad, aunque no hubiera hecho nada, sentía estar traicionando a Ulises, puede que fuera porque se sentía atraída físicamente por Samuel, pero tenía la cabeza hecha un lío y además Ulises no contestaba sus llamadas y mensajes, algo que le molestaba enormemente.
Realmente no existía una relación verdadera entre Ulises y Sofía, pero ambos de alguna manera se sentían atados el uno al otro por esa confianza, ese cariño, esa pasión.
 -Bonito coche -dijo Samuel- tienes buen gusto, para todo.
 -Es lo bueno de ser mujer, siempre elijo lo que me gusta.
Sofía abrió la puerta del coche y puso su bolso en el asiento del copiloto, cuando se giró un beso la recibió, descarado, apasionado, con fuerza y sabor café. Se dejó llevar unos segundos hasta que recuperó la razón y se aparto rápidamente de Samuel. Estaba muda
 -Lo siento -dijo él- llevaba esperando hacerlo toda la tarde.
 -Samuel, me pareces un chico encantador, muy guapo, listo y atento, pero no puedo.
 -¿Tienes novio? ¿Es eso verdad?
 - No exactamente, no podría explicártelo, pero no es por ti... Me tengo que ir, lo siento.
Acto seguido se montó en el coche y se despidió por la ventanilla, estaba nerviosa así que salió con un gran acelerón.

Al llegar a casa no paraba de pensar en Ulises y le volvió a llamar, pero seguía comunicando.
-Maldita sea, ¿Dónde se habrá metido?

Sofía se puso el pijama, que no era mas que una camiseta gris de Ulises que le llegaba por las rodillas, olía a él, a su perfume, cuando se le iba el olor le mandaba que le diera otra para poder dormir bien, era su relajante personal, hacía que le sintiera mas cerca, como si le estuviera abrazando piel con piel. La mejor compañía que tuvo aquella noche fueron un par de películas pastelosas y un tarro de helado de considerable tamaño, se hartó a llorar y a gastar pañuelos. Era el desahogo para un día tan largo, mañana se sentiría culpable, pero no le importaba, se le ocurría una muy buena forma de bajar ese helado.
No se que se acabaría antes, si los pañuelos, el helado o las películas, pero tampoco importaba mucho, Sofía se había quedado dormida en el Sofá.
A las dos horas se despertó en una mala posición y con el cuello dolorido, tenía toda la boca manchada de chocolate así que se levantó y fue a lavarse la cara.
Cuando se metió en la cama, no pudo volver a conciliar el sueño, daba vueltas y vueltas pensando en el desaparecido Ulises, en Samuel, en el trabajo, en la película, en la mancha del helado en el sofá, que no se dormía... esto hacía que fuera un circulo vicioso y empeorase la situación ¡que malo es pensar demasiado!
Mandó el último whatsapp de aquel día a Ulises:
 "Feo, estoy preocupada, estas bien? No se nada de ti y andas desaparecido"
Nada mas mandarlo recibió otro, pero este era de Samuel.

Puto destino



La envidia… me carcome,

Saber que te toca, que te hace el amor,  que te besa,

que ríe contigo y te toma, pero no te deja.

Saber que te lleva, que te trae, que te canta,

que te escucha, que te huele, que anda bajo tu falda

Y sobre todo saber que no mejor de lo que lo haría yo.

La envidia… me carcome,

Y yo aquí ¡Y cómo te deseo!

Y tú allí ¡Y cómo te anhelo!

Que se me cae la baba en cada foto

Y la mancho con cara de bobo

Me tengo que conformar y no.

La envidia… me carcome,

Me niego a rendirme ya,

Seguiré luchando aun mas,

 Maldita envidia, maldita ocasión

¡Quien estuviera en su posición!

Serás mía te lo digo yo, amor.