Era un día maravilloso, la suave brisa con olor a mediterráneo inundaba el ambiente y el sol en el cielo calentaba tostando la piel de los bañistas que chapoteaban en la orilla. Los niños con sus cubiletes se afanaban en construir castillos llenos de torres y cavar agujeros en la arena que llegasen a china mientras sus madres les perseguían intentando que se echasen la crema solar.
Nada parecía poder salir mal en un día tan fantástico. Entonces los silbatos de los socorristas empezaron a sonar y estos, cogiendo las motos de agua, salieron hacia el mar a toda prisa. Habían visto por los prismáticos un bulto a lo lejos, al principio parecía que eran unos restos o algún desecho, pero cuando vieron que se movía no hubo ninguna duda, era una persona.
Cuando llegaron hasta el objeto flotador no identificado, vieron a un hombre subido a una tabla que ponía "Pescados mediterráqueo". Estaba de costado, inmóvil, con los ojos cerrados y la piel reseca, parecía muerto. Lo subieron a la camilla aquatica y lo llevaron hasta el centro de salvamento.
-¡Eeeh, chico! -dijo un socorrista mientras comprobaba si estaba consciente- despierta, no te nos vayas tan rápido.
No recibió ninguna respuesta, aunque estaba vivo ya que respiraba entrecortadamente. El socorrista volvió a llamarle mientras le daba un par de pequeñas bofetadas en la cara y esta vez si que reaccionó. Abrió despacio los ojos y habló con una voz ahogada:
-Agua... agua...
- Toma, bebe despacio -le dijo el socorrista dándole una cantimplora.
También le dieron un par de barritas energéticas y una manta. Después de esto y cuando se pudo recomponer un poco, le preguntaron:
-¿Quién eres? ¿Cómo has acabado en el agua?
-Me llamo Ulises, ayer por la noche el barco pesquero en el que faenaba se vio atrapado en una tormenta y una ola me tiró al mar junto a otro compañero ¿Lo habéis encontrado también?
-Debes de estar bastante desorientado -dijo el mas veterano de los socorristas- ese barco se hundió hace tres días, no esta noche y lo lamento... no hemos encontrado aun ningún cuerpo.
-¿Hundido? ¿Tres días? ¿Cómo puede ser?
-Te habrás desmayado varias veces encima de la tabla, a la que le debes la vida, y la marea te habrá traído hasta aquí. Este martes se recibió el mensaje de un barco que pedía auxilio, una ola les había hecho chocar contra unas rocas, aun buscan los cuerpos de tus compañeros, pero esto está lleno de incompetentes puestos a dedo...
Mientras el socorrista le contaba lo sucedido, Ulises solo pudo pensar en la suerte que había tenido siendo el único superviviente y de que Sofía estaría preocupada por él, seguramente le habría dejado miles de mensajes de los que le gustaba poner cuando él no contestaba.
-Tengo que irme -dijo Ulises- me están esperando.
Y después de decir esto saltó de la camilla y salió corriendo, pero al llegar a la puerta las fuerzas le fallaron y se desplomó en el suelo.
Cuando volvió a despertar, estaba en una cama de hospital y era de noche, tenía hambre y seguía cansado así que cerro los ojos y se quedó dormido. Despertó al día siguiente cuando una enfermera entró en su habitación, esta al ver que se había despertado fue a avisar al médico, un hombre bajito entre los sesenta y los doscientos años con el pelo blanco y un estetoscopio colgado del cuello.
-Ya estás mucho mejor -dijo el médico- ¿Quieres que llamemos a alguien que venga a por ti?
-Si, por favor, tengo que ver a una persona.
-No te preocupes, tú dale el número a una de nuestras enfermeras y ellas llamaran para que vengan a recogerte.
Media hora después apareció Sofía, nerviosa y casi llorando. Cuando recibió la llamada estaba en el trabajo, pero nada mas oir a las enfermeras salió corriendo en dirección al hospital, se le habían pasado muchísimas cosas por la cabeza y ahora lo entendía todo.
Nada mas verla, a Ulises se le iluminó la cara como si el sol hubiera entrado en su habitación y se hubiera estrellado en su cara. La había echado mucho de menos y en ningún momento que estuvo consciente había dejado de pensar en ella y eso era lo que realmente le había mantenido con vida, no la tabla. El solo hecho de dejar atras a la persona que mas quería en el mundo le hizo sacar fuerzas de flaqueza y todo aquel esfuerzo se vio recompensado en aquel instante.
La besaba y la abrazaba apretándola contra si, como si no fuera real y se le fuese a escapar entre los dedos de un momento a otro.
-Estas preciosa chiquilla.
-Pues tú estas horrible -contesto Sofía entre sollozos- ¿Qué te ha pasado? ¿Dónde estabas?
-Tengo que contarte muchas cosas, pero mejor vámonos de aquí antes.
Ya en el coche, Ulises le contó como había acabado allí y el porqué de haberse metido en un barco pesquero. Sofía le escuchaba con cara de preocupación y compasión a la vez.
-Ulises, estos días también han pasado algunas cosas que creo que deberías saber.
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