martes, 8 de abril de 2014

Ella es Sofia Nº 2.6. Sueños humedos

¿Qué debía hacer? esa era la pregunta que llevaba haciéndose durante mucho tiempo, por una parte quería, pero por otra lo rechazaba completamente. Una chica normal seguramente habría dicho que no y se habría quitado de un problema de encima, pero Sofía no se caracterizaba por ser una chica normal, era pasional, impulsiva y sentimental, aunque a primera vista pareciese fría y calculadora.
Sofía contestó al mensaje de Samuel: "No te preocupes,ven, puedes pasar aquí la noche"

Con otro mensaje le indicó la dirección de su piso y al poco le tuvo que abrir la puerta de casa. Venía cargando con una pequeña maleta de viaje.
 -Pasa -dijo Sofía- me iba a ir ya a la cama ¿Has cenado algo?
 -Si si, comí en el kebab de aquí abajo, espero no molestar, mañana me iré temprano, tengo que coger un vuelo, te lo agradezco mucho, después de lo de esta tarde no sabía que me contestarías, no conozco a nadie por la ciudad y no sabía a quien recurrir.
 -Tranquilo, puedes dormir en el sofá, es una putada que perdieras la cartera con el dinero.
Sofía le dio unas mantas y una almohada para que pudiera acostarse en el sofá.
 -¿Sabes? Me parece una excusa muy buena para meterte en mi casa, espero que no seas un violador.
 -Tranquila, estoy seguro de que si intentase algo, no sería violación.
Acompaño este comentario con una sonrisilla mientras se quitaba la camiseta.
 -Mmmm... creeeoo queee...-tartamudeo Sofía- creo que yo me voy a dormir.
Cuando se giró, Samuel la agarró por la cintura, le dio la vuelta apretándola contra su cuerpo y le empezó a morder el cuello.
 -Samuel... yo... ¡nooo! no puedo, ya te lo dije... estas buenísimo, pero... no puedo... lo siento.
 -Si, es cierto, me he dejado llevar... dormir será lo mejor.
Sofía se le quedó mirando mientras se acostaba en el sofá, después dio media vuelta hacia su habitación con los remordimientos aun mas a flor de piel. Estaba dejando dormir a un hombre en su casa, el cual ya había intentado seducirla en varias ocasiones, ¿Dónde cojones estaría Ulises? Esto con él no pasaba...
-¡Buenas noches! -dijo Samuel desde el salón.

Sofía se acostó, pero no podía pegar ojo, pensaba en Ulises y en Samuel, tenía loca la cabeza. Después de no se cuantas vueltas, idas, venidas y giros en la cama, Sofía se quedó dormida y empezó a soñar:
Estaba en su cama, desnuda y con una finísima sabana por encima, al lado tenía a Ulises, le pasó la mano por el hombro y lo despertó. Empezaron a besarse y a hacer el amor, cerraba los ojos, apretaba los puños y mordía la almohada que tenía al lado, Ulises la poseía y la cubría con su cuerpo. En el momento máximo de placer, Sofía abrió los ojos y miró a Ulises, pero ya no era él, se había transformado en Samuel y no podía o mas bien no quería pararlo, terminaron los dos tumbados y exhaustos.

Al día siguiente el despertador sonó otra vez, como siempre, para Sofía. Abrió los ojos y se incorporó en la cama, notó un bulto extraño al lado, era Samuel, estaba tendido en la cama desnudo y boca abajo, no se lo podía creer, estaba confusa y no entendía nada, si había sido solo un sueño ¿Por qué estaba allí Samuel? Este se despertó, la vio allí mirándole y dijo:
 -¿Estás bien?
 -No lo se ¿Qué ocurrió anoche?
 -No parabas de gritar en sueños, así que vine a ver que te pasaba, cuando intenté despertarte, abriste los ojos, me tiraste en la cama y... bueno... eso...
 -¡Dios! ¿Qué he hecho...? -tartamudeó Sofía- te tienes que ir, esto no ha debido suceder.
Después de un desayuno en silencio, los dos se prepararon y salieron a la calle dispuestos a separarse  y a no volverse a ver, o al menos esa era la intención de Sofía. Sin despedidas, sin besos, Sofía solo quería irse, escapar, ir a algún lugar corriendo, pero no, tenía que ir a trabajar.
De camino, su teléfono sonó, era Luis, el compañero de Ulises en la panadería.

jueves, 3 de abril de 2014

Esto es el amor.



Conoces a una persona por casualidad,

Al principio sin ninguna maldad,

Hablas, te ríes, lo normal,

Nada por lo que poetizar.



Pero algo estarás ya intuyendo,

Si sabes que esto no es un cuento,

De esos de gnomos y hadas,

O de caballeros con sus espadas.



Esto va de todos los amoríos,

Si, si, podéis si queréis, reíros

Pero entonces demostrareis

Que de lo que hablo no conocéis.



Una personalidad vibrante y explosiva,

No como esas puercas de saliva excesiva.

Hablo de la más pura belleza hispana,

Hablo de toda una señorita, una dama.



No posee el español palabra para encerrar

Toda la hermosura de su mirar,

Pues definirlo no haría justicia alguna

A toda su picaresca y dulzura.



No sabes de la pureza de sus palabras,

Que la más lasciva no suena macabra.



Escúchame tú,  maldito loco insensato

Apréndete bien mis palabras,

Que en un futuro no muy lejano,

Te veras ciego y poco cuerdo, enamorado.



¿Qué decir de sus caderas? las tendrás por paraíso,

Que no querrás de otras cortesanas

Lo que ella con sus manos te hará en la cama,

Recuerda esto y no protestes luego, yo te aviso.



Tus defensas caerán sin resistencia alguna

Y no podrás, ni querrás ponerte la armadura

Pues su flecha te atraviesa y te traspasa,

Y tu sonrisa de estúpido te delata.



No te insulto, solo me hace gracia,

Porque no sabes lo que te espera

Una tras otra las piernas flojean

Y tu el mas valiente capaz de cualquier audacia.



Te digo por experiencia, oyente o lector,

Que enamorarse no es bueno y menos aun mejor,

Te hace perder el sentido, la cabeza, la razón

Y lo que viene siendo mucho peor,

Te pone en un puño tu frágil corazón.

Los mineros también saben de amor



Yo no tengo un imperio que ponerte a los pies,

Soy de la calle y todo lo que ves,

No tengo palacios ni coches

Solo pensiones y mal de amores.

Cada día que bajo a la mina,

Pienso en ti y me juego la vida,

El sonido del pico y la pala,

Intentan acallar a este canalla

Maldito él, maldita su vida

Que tonto fui en ese día.

Ahora me lamento y lloro,

Ríos de hollín y polvo,

Surcos negros en mi cara,

Como recordatorios de mi mala fama,

¿Y ahora que me espera?

Nada mas que morirme de pena,

Te fuiste para no volver

Y lo único que me quedó

Fueron las ganas de llamarte amor.

martes, 1 de abril de 2014

Ella es Sofía Nº 2.5. ¿Por qué...?

Sentía que debía contárselo, le pesaba el tener que guardárselo y no serle sincero a alguien que le importaba tanto, siendo a la vez, en realidad, tan poco.
Las palabras eran yunques en su lengua, pero no se lo pudo callar.
 -¿Eso es todo? -preguntó Ulises con cara de poker.
Intentaba guardar la compostura, hacer como si no tuviera mayor importancia, pero no era así, le dolía aunque no pudiera expresarlo.
 -Ssssi, en serio que fue un accidente, cuando le conteste al whatsapp no pretendía que pasase nada de eso.
 -No tienes que darme explicaciones Sofía, tu tienes tu vida, esto es solo un desahogo del día a día.
Ulises estaba frío y ya no estaba cariñoso, se le notaba, cada una de sus palabras se le incrustaban a Sofía en lo mas profundo del corazón.
 -¿Estás bien? No quiero que estés así y ya me siento lo suficientemente mal yo por los dos.

Ulises no dijo una palabra mas hasta que Sofía llego a su casa, cuando llegaron, se bajó del coche y se despidió de ella con un beso en la mejilla y una sonrisa forzada. Sofía no necesitaba explicación, Ulises estaba dolido, con o sin razón, y ella sentía que le había fallado, ¿Cómo podía haber sido tan estúpida de pensar que solo sería un café?

Ya en casa, Ulises fue directo a la cocina, abrió la nevera y sacó una cerveza, se puso a tomarla en una banqueta de la mesa, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada perdida, mientras, su perro le lamia las manos y le empujaba con el hocico. Allí se quedó quieto un cierto tiempo que no llego a calcular, pudieron ser dos minutos o dos horas. Se le pasaron muchísimas ideas por la cabeza; locas, descabelladas o irracionales, todas útiles para acabar con lo que sentía en aquel momento; ira, rabia, despecho, impotencia, pero... ¿Por qué? Sofía solo era una muy buena amiga, con la que tenía "algo mas", entonces ¿Por qué quería estar con ella a cada momento? ¿Por qué fue en lo único que pensó cuando estaba en la tabla? ¿Por qué se ponía tan nervioso cuando ella le miraba a los ojos? ¿Por qué...?
Solo encontraba una respuesta para todas esas preguntas, pero no la quería creer y menos en aquel momento.
 -¡NO! -gritó Ulises estrellando la lata de cerveza contra el suelo- no....

Se dio una ducha, cenó un bocadillo frío y se fue a la cama. Antes de quedarse dormido miró el teléfono, llevaba sin poder cogerlo toda una semana y debía de estar petado a mensajes y llamadas. Fue leyendo todos los whatsapp que Sofía le había dejado, uno a uno hasta llegar al último, esto le desconcertó a un mas, ella se había acordado de él todos los días que estuvo en el mar, 12 llamadas perdidas, 3 sms y 37 whatsapps, de estos últimos la mayoría eran haciendo el bobo pero en los últimos ya se notaba su preocupación.
 *¡plinnn!* -sonó el teléfono- mensaje de Sofía: "Te eché y te echo mucho de menos, espero que me puedas perdonar, quiero verte, si quieres mañana quedamos donde tu ya sabes, a las 21:00, descansa y muchos besos feo"
Ulises se durmió con lágrimas en los ojos.